Los peligros de una publicidad irresponsable

In Noticias, NUTRICIÓN by NovamedicumLeave a Comment

Hoy en día podemos ver multitud de anuncios que pretenden que compremos algo. Y aunque puedan parecer inofensivos, algunos esconden mensajes verdaderamente peligrosos, que llegan a hacer daño a las personas.

Uno de ellos es el siguiente.

Vemos a un niño que no se quiere comer la comida que le da su madre, y la pobre como está desesperada, le da cualquier cosa. Entonces, cuenta que en la farmacia encontró ciertos polvos con sabor a chocolate, que proporcionarán al niño todos los nutrientes que necesita mientras aprende a comer. Puede parecer una solución maravillosa ante un problema frecuente, como es la comida, pero si lo analizamos un poco, hay varios mensajes peligrosos que parecen haber pasado desapercibidos. Algunos de esos son:

  1. Fijaos en cómo el niño dice “no” con la cabeza, cuando tiene el plato en la mesa. Ni grita, ni patalea ni se queja…dice “no” con toda la calma y tranquilidad del mundo, ¡si incluso está sonriendo!. Es un niño que manda en casa. Solo tiene que decir que no,  y automáticamente se libra de las cosas que no le gustan. Este es un mal grave hoy en día. Niños que mandan en sus casas, que llevan el control de todo, que deciden lo que comen y lo que no,  que deciden lo que se hace y lo que no se hace. Niños que nunca se frustran…y cuando llega la adolescencia…ay ay ay, que la cosa se complica.
  2. Fijaos en cómo la mesa se alarga, alejando al niño de la madre. Porque, según el anuncio, las peleas por la comida les están distanciando. Y si hay peleas, es porque la madre le dice que coma y el niño ni quiere. Y si la madre le dice que coma, es porque ella entiende que hay unas normas que se han de cumplir, y que es su papel el de administrar dichas normas…En definitiva, haciendo sentir culpable a la madre por poner unas normas en casa y por querer que su hijo coma sano…Es verdaderamente vergonzoso…pero no acaba aquí.
  3. La frase estrella es: nutrientes que favorecen su desarrollo físico y mental. ¡Qué alivio! Menos mal que hemos inventado estos polvos, porque hasta ahora, todos los niños tenían problemas de desarrollo físico y mental. ¡Hemos erradicado la mayor pandemia de la historia de…! Ah no, espera, si antes no existían y los niños solían crecer sin problemas de desarrollo.
  4. El momento estelar de la madre es el de: “así estoy tranquila, y le veo crecer alimentado”. …Esto…¿hola? ¿Que la tranquilidad es que mi hijo se alimente de polvos de chocolate, en lugar de hacerlo de verduras, carne, pescado, legumbres y leche? Vaya…no sé yo si debería la madre descansar tranquila, después de haber renunciado a su tarea de poner normas y de enseñar a su hijo a frustrarse…
  5. Y para terminar, no os perdáis el momento final, la máxima felicidad, el niño feliz en la cama, y la madre tan feliz como él, porque ya no discuten, y todo es feliz, y todo va bien. Fantástico, simplemente fantástico.

Bien, humor y bromas aparte, hay una serie de conclusiones que podemos extraer de este anuncio:

  1. El niño aprende que decir “no” consigue que le cambien las verduras por el chocolate. Lo repetirá cada vez más, en más contextos y de forma más intensa.
  2. El niño aprende que al decir “no”, puede controlar a su antojo a los adultos de su entorno para que hagan lo que quiere. Sus ganas de controlar y conseguir todo lo que quiera no dejarán de aumentar si no se le enseña a ello.
  3. La madre al consentir al niño,  está abandonando su tarea materna, de poner normas, límites, y enseñar a su hijo a frustrarse de forma productiva.
  4. Da a entender que los problemas se resuelven dando al hijo lo que pide siempre, para que sea feliz. Pues no, los problemas se resuelven estableciendo unas normas y unos límites que todos han de cumplir
  5. La más grave de todas: la madre se siente culpable al pretender que su hijo cumpla las normas. Este es uno de los males de la educación hoy en día, y este anuncio está haciendo apología de él. Es verdaderamente impresentable.

Hasta aquí mi análisis psicoeducativo de este anuncio.  El resumen que me gustaría que os llevaseis es la siguiente:

las normas y los límites, en última instancia, son un acto de amor. Y amor del bueno, no del que se compra con chocolate en polvo

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